Julio lo prepara y agosto se lo lleva

Julio lo prepara y Agosto se lo lleva

¡Que este frío de Agosto en los huesos y tu voz tiritando en la cinta del contestador!… (Joaquín Sabina)

¡¡ ¿Cuánto falta para el verano?!! Y justo ahora me acuerdo de aquellas noches de manzanola, escondida con mis viejos sentados en la puerta de casa. Sacaban las sillas a la vereda ¡y a repirar verano! – Costumbres Mercedinas -* Nunca faltaba alguna familia de la cuadra que se acercara a conversar quien sabe de qué y de cuántas cosas.

Los chicos jugando; corriendo de acá para allá y muy de tanto en tanto alguna madre sobresaltaba la serenidad de la cálida noche con un ¡Cuidado, no bajen de la vereda que viene un auto!…Esa postal de la calle treinta y tres se extendía a lo largo de la ciudad sin excepción de calle o barrio.

“Todo tiempo  pasado fue mejor”. Si nos quedáramos mirando el pasado sólo para añorarlo y no para usarlo de espejo donde rescatar sus buenas enseñanzas o para no repetir los errores; la verdad, nos asemejaríamos  a una sociedad con poco bueno por delante.

¿Estamos cerca de que lo dicho en el último párrafo nos ocurra? De los noventa a esta parte, sentarse afuera en determinados barrios, parece cada verano un poco más riesgoso.

Es que ahora, despertarse con la noticia de que robaron en tal o cual  comercio céntrico, o que una familia se despertó a las cuatro de la mañana y que cuando abrió los ojos tenía ladrones en la habitación con pistolas en las manos apuntándoles sus sienes, se ha tornado más común.

A la edad en que antes los chicos se quedaban tiesos (de respeto) ante el grito de mamá ¡cuidado no bajen de la vereda que viene un auto!, ahora algunos, se entretienen apedreando ventanas y techos de sus vecinos y tomando unas cajas de vino, unas cervezas o lo que pinte y pergeñar perjuicios contra otros, como toda acción lúdica.

Sólo tenemos diagnósticos y preguntas pelotudas. Son muchos los que, impotentes, buscan culpables: la autoridad comunal, la policía, la justicia, los que legislan que no hacen leyes acordes a la realidad, la falta de compromiso de quienes somos padres, lo que muestra la tele, la sociedad de consumo…Están también los que van más allá y dirán: El tejido social está en descomposición por innumerables circunstancias, injusticia social; los malos ejemplos de los de arriba; la enervación del tener más, más que la estimulación de ser, etc., etc.

Diagnóstico poco halagüeño. Pesimismo, culpables, inocentes, víctimas del presente. Una realidad que debemos cambiar, todos…cada uno. Hoy por hoy, y sabiendo ahora ya con optimismo, confiemos que es posible. Intentemos al menos desde nuestro pequeño lugar en este planeta mercedino. Con la acción aparentemente más sencilla: tratándonos de igual a igual, más allá de quién somos o qué tenemos. Acordándonos que el día menos pensado Julio o algún otro mes nos preparará y Agosto u otro nos llevará. No somos inmortales. Mejorar las condiciones de quienes nos preceden es nuestro deber y el compromiso de todos.

Sentémonos afuera que los pibes de hoy no son peores que los de ayer. Ser bueno o malo no es una cuestión genética, ya somos grandes como para, por lo menos, tener en claro eso.

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